
¿Qué inspira a las personas que protegen la naturaleza?
¿Qué inspira a las personas que protegen la naturaleza?

T3 - Ep. 01 De bicho raro en el bosque a bióloga trans referente | Brigitte Baptiste
Brigitte Baptiste es bióloga, ecóloga y una de las voces reconocidas en Colombia por sus reflexiones sobre biodiversidad, conservación y las relaciones entre naturaleza y sociedad. En este episodio de Bosque adentro, comparte parte de su historia, desde una infancia marcada por su conexión con los bosques y su formación científica, hasta su proceso de reconocerse como mujer trans.
A través de sus experiencias, Brigitte reflexiona sobre diversidad, transformación e identidad, así como sobre su manera de comprender la naturaleza como parte de lo que somos. Mientras recorre los bosques que han marcado su vida y su trayectoria, conecta su historia personal con preguntas sobre biodiversidad, sociedad y las distintas formas de relacionarnos con el entorno. Este es un episodio del pódcast Bosque adentro, antes llamado Historias de Conservación.
Transcripción episodio 01 – T3
Brigitte Baptiste | De bicho raro en el bosque a bióloga trans referente
[Liseth]
¿Qué pasa cuando una persona dedica su vida a estudiar la naturaleza y, en el camino, termina descubriendo que la naturaleza también transforma su propia manera de estar en el mundo?
Brigitte Baptiste es bióloga, doctora en ecología y una de las voces más influyentes de América Latina cuando hablamos de biodiversidad y sostenibilidad.
Hoy no queremos quedarnos solamente con la científica, la rectora, la experta o la voz pública. Queremos acercarnos a la mujer que ha hecho de la curiosidad una forma de vida, a quien ha aprendido a mirar los bosques, los territorios y la diversidad desde lugares que desafían muchas de nuestras certezas.
Porque quizás proteger la naturaleza también empieza por cambiar la manera en que la entendemos.
Y para entrar, Bosque dentro, les estará acompañando quien les habla, Lis Henao, host líder de comunicaciones en Masbosques.
[Música]
Leer toda la transcripción
[Liseth]
En este inicio quisiera que nos llevaras hacia tu bosque, hacia que nos paramos en algún lugar, como si nos adentráramos, inicialmente, desde ese horizonte. ¿Qué vamos a divisar ahí y cómo vamos preparando ese camino?
[Brigitte]
Bueno, no, pues como bióloga tengo muchas raíces en muchos bosques que me inspiraron, que me acompañaron incluso desde la infancia, habiendo nacido en Bogotá, una ciudad que no tiene bosques en principio, porque es una ciudad que está establecida sobre un lago antiguo.
Yo siempre tengo los referentes territoriales muy claros, pero, de muy pequeñita, tenía la costumbre de perderme en los robledales de Villa de Leyva. Me encantaba escaparme y son esos espacios de búsqueda y de encuentro que todos buscamos para darle voz a la voz interior.
En esos bosques, y en muchos otros, a lo largo de toda mi vida, siempre tenía la oportunidad de hablar conmigo misma en ese contexto de la exuberancia biológica, del espacio silencioso o muy ruidoso que a veces también hay en los bosques colombianos.
Pero sí, yo recuerdo con mucho cariño siempre los bosques de roble y después los bosques de encenillos de la montaña, los bosques de siete cueros y los bosques también plantados. Cuando a mí me llevaban a estos bosques de pinos plantados, llenos de hongos europeos, y eran los bosques por excelencia. Y después uno se da cuenta de que esos bosques eran distintos también.
La diversidad, ahí aparece la diversidad.
[Liseth]
¿Qué es la diversidad ahí para Brigitte? ¿Qué se encontró en ese lugar?
[Brigitte]
Yo creo que la diversidad, y me lo evocas, es la sorpresa permanente.
Ese momento en el que lo inesperado te enriquece, ocurre, pero, ante todo, te llena de sentido. Porque, si hay algo nuevo, apareció algo que no tenía previsto y te lanza a otro universo. Incluso, apareció una flor, un insecto, una planta, una circunstancia, un recuerdo, una asociación vital.
Entonces, la diversidad es sorprenderse continuamente ante los acontecimientos.
[Liseth]
¿Y eso cómo te tocó en ese momento?
[Brigitte]
No, pues yo era el bicho más raro del mundo, el bicho que no sabía cuál era su sitio en ese contexto, en ese concierto de diversidad, pero me consolaba mucho porque, pues, yo también, de cierta manera, era sorpresiva. Era un poco intrusiva en el bosque como persona. Tenía un concepto de lo humano también malo.
[Liseth]
¿Cómo es intrusiva?
[Brigitte]
Intrusivo porque los seres humanos hemos hecho un daño grande a la biodiversidad, a la biodiversidad silvestre. Hemos causado unas transformaciones muy dramáticas y, desde muy pequeñita, era muy consciente de eso. Tal vez, sin toda la conciencia técnica y científica que en el presente eso significa, pero sí me afectaba mucho saber que se estaba cortando el bosque. Así fuese con buenas razones, no lo entendía, pero las transformaciones de lo silvestre hacia lo humano me parecían perturbadoras e inadecuadas. Tal vez porque yo me sentía muy bicho y, entonces, en medio de eso, quería hacerme parte también de algo que no me cuestionaba.
Yo en el colegio no podía ser Brigitte, en mi vida cotidiana tampoco; en el bosque sí. Sin ninguna transformación particular, ni en mi cuerpo ni en mi apariencia ni nada, pero era simplemente Brigitte. Era como una telenovela.
[Liseth]
¿Qué sentías ahí? O sea, ¿cómo uno se siente ser en ese espacio?
[Brigitte]
Es un espacio donde las voces autocríticas se acallan, se apaciguan, porque tu atención se llena de otros sentidos, de otras posibilidades.
El bosque no te cuestiona, solo es y eso ya es tremendamente reconfortante.
Pues sabes que hoy en día hay mucha gente que usa el concepto de baño de bosque, todo ese tipo de cosas que es como la salud mental, que podemos recuperar simplemente en el contacto con los árboles, con las plantas, con los bichos.
Pero para mí era algo muy espontáneo y algo muy primario. Y esas voces, yo creo que se me quedaron.
Nunca fui una investigadora de bosques como tal; luego acabé en los paisajes. Pero recorrer, caminar, estar en el bosque, para mí nunca fue angustiante, nunca fue opresivo, nunca fue amenazante. Incluso en selvas profundas, donde ya uno dice: “Aquí yo me pierdo dándole la vuelta a una palma, ¿y quién me saca?”. Pues no importa. Finalmente, el bosque no necesariamente es que sea amable, pero no es un enemigo.
Y el mundo para Brigitte, al principio de su vida, era muy poco amigable.
[Liseth]
¿Agreste?
[Brigitte]
Sí, porque la feminidad de Brigitte que iba cocinándose no era bien acogida en el mundo.
[Liseth]
Brigitte, escuchándote, también me lleva a eso, y también a las conversaciones que hemos tenido como equipo con este pódcast.
Es como conectar con esa premisa de que, cuando uno entra al bosque, no sale igual; como que, si se lo permite, eso sí, si se permite ser y sentir ese lugar, que quizás también conecta con el origen, desde donde venimos, uno no sale igual.
[Brigitte]
Y nunca. Tú entras al mismo bosque muchas veces, hasta que te das cuenta de que nunca entras al mismo bosque muchas veces. Pues es algo muy griego también, como el dicho de que no te bañas dos veces en el mismo río. El bosque todo el tiempo está cambiando.
Y eso tal vez tuvo mucho que ver con mi vida como ecóloga, o sigue teniendo mucho que ver con mi vida como ecóloga y con la noción de los tránsitos y las transformaciones. Porque cuando volví a esos bosques de la infancia, habían cambiado sustancialmente. En alguna oportunidad, el bosque al que yo acostumbraba a ir se quemó. Hubo un incendio forestal muy grande en estas montañas secas de Villa de Leyva, muy triste.
Tengo muchas fotografías que sé que en algún momento tengo que volver a usar para ver cómo se regeneró el bosque hoy en día, casi diría que 40 años después.
Y luego, caminando un año después del incendio, la colonización de plantas, la exuberancia de vida retomando el espacio de lo quemado, hizo que yo pensara mucho en los cambios que estaban por suceder en mí, en plena adolescencia que uno dice: “Uy, me está cambiando mi cuerpo, yo soy otra”, sin traumatismo, o sin un traumatismo fatal, diría yo, porque es perturbador. El cambio es perturbador.
Y hoy en día la gente me dice: “No, pero es un desastre, mire lo que ha pasado con el bosque, mire, esto se acabó”.
Esto es, digo, una perspectiva de tiempo más amplia, cierta serenidad y confianza en la vida. Y mire que las cosas se restituyen, se restablecen, se regeneran, se recuperan de otra manera.
Entonces entras al bosque, el bosque es distinto, y sales del bosque y tú eres distinta.
Por supuesto, no quiero decir con eso que un día entré al bosque y salió Brigitte. Bueno, sería una buena imagen, ¿no?
[Liseth]
Ahí, en ese punto, y antes de irnos por todo este montón de palabras, que también nos van a adentrar un poco más, y quizás en esos otros bosques que has transitado, en ese momento, o sea, ¿en qué momento, como que te llega, quizás un poco más grande, decir: “¿Ve, voy a estudiar, voy a hacer una científica, voy a hacer bióloga” ?, pues como que, ¿cuándo sentiste que llegó ese momento?, ¿O no lo sentiste?, ¿Cómo fue ese momento?
[Brigitte]
Pues, como me gustaba tanto, digamos, el verde, y me gustaba tanto lo que llaman naturaleza —me cuesta trabajo usar esa palabra—, pero digamos, el mundo silvestre, pensé siempre en dedicarme a los temas agrícolas, incluso no a los forestales, curiosamente.
Pero en el colegio teníamos electivas de agricultura. Entonces teníamos nuestro azadón y teníamos la posibilidad de cuidar cabras y, bueno, era un colegio campestre en Bogotá.
Entonces traté de estudiar agronomía. Fue durante muchos años como mi propósito y me inscribí en la Universidad del Llano. Pasé y me dio miedo. Tenía 15 años y me dio miedo de irme a vivir sola a los Llanos. En bachillerato uno se gradúa entre 15 y 16 años y yo dije: “¿Será que eso sí es lo que quiero?”.
Y ahí me entró la crisis: “¿Y será… qué va a pasar con Brigitte?”. Brigitte no tenía nombre. Nadie sabía de Brigitte y era incluso mi propia carga, porque era la que me generaba vulnerabilidad ante el mundo.
Me fui un poco por las artes, ensayando. Traté de irme del país, no pude. Quería irme a Canadá y acabé estudiando arquitectura, vaya una a saber qué neuronas me torció, qué… eso. En arquitectura rápidamente descubrí que era maravillosa como profesión, pero que no iba a tener ninguna posibilidad de hacer algo significativo porque no tenía talento, hasta que un profesor me lo dijo:
“Mire, usted no sirve para esto”.
La verdad, sí, estoy muy agradecida.
Y hablamos largo y me dijo: “¿Por qué? usted considera que la arquitectura es como una especie de escenografía, de construcción de escenografías teatrales, como una teatralidad del mundo, y no. Esto es construir…”.
[Liseth]
Ibas a transformar la arquitectura…
[Brigitte]
Ahora me encanta y obviamente hubiese sido una buena escenógrafa, por ejemplo, ¿no?
[Liseth]
Bueno, encontraste herramientas.
[Brigitte]
Pero en esa conversación había un enfoque creciente en el naturalismo de la arquitectura, de cómo hacer arquitectura respetuosa con el entorno.
No tengo la traza completa, pero llegó la palabra ecología a mi vida. Y leyendo —no había redes, no había nada, sino bibliotecas—, con la biblioteca de la Universidad Javeriana, con la biblioteca de INDERENA en ese momento, que era la institución que se encargaba de los recursos naturales, y todo, dije: “Bueno, ecología”, y uno: “¿Dónde estudia ecología?”.
Hasta que la bibliotecaria de INDERENA, que se llama Hilda Dugan —yo no sé si vive aún—, una señora muy querida, “no, todo el mundo, qué hace eso estudia biología”.
Y yo: “¡Plop! Biología. Pero si eso es horrible. La biología es una disciplina que es de memoria, de estudios memorísticos”.
Y me dijo: “Vaya y hable con la directora de Biología de la Javeriana”.
Porque mi papá me dijo: “Porque es por transferencia. Que le acepte materias, porque ni tiempo ni plata hay como para estar desperdiciando”.
Y la directora de Biología, la doctora Bertha de Dulce, me dijo:
“Sí, claro. Mire el pénsum de Biología”.
Y en quinto semestre decía: “Ecología”, y en sexto semestre: “Ecología 2”.
Y yo le dije: “Pero microbiología, esto y todo lo que hay que chuparse para llegar a…”.
Y ella me dijo:
“No. Son los fundamentos de ciencia, porque, si quiere hacer ecología bien hecha, usted debe tener perspectiva de ciencia”.
Yo nunca me he pensado como científica.
Claro. Y yo volví a mi papá y le dije: “Pues mire, esto es lo que hay. Me parecería…”.
Y me miró: “¿Biología? Pero usted quiere ser profesora, porque ¿qué más hace una bióloga?”.
Ni idea, pero ecología, ecología.
Y terminamos 7, 8, pero con una experiencia de vida compartida excepcional, porque todos acabamos, desde el primer semestre, enamorados del monte. Y esa es la palabra: enamorados. Enamorados del monte.
[Liseth]
Y ahí, ¿cómo estaba Brigitte?
[Brigitte]
Pues, en el último cajón, guardada, empacada, encerrada, que no fuese a sabotearme. Porque Brigitte no participaba en absoluto en esa conversación, no tenía ni siquiera un vínculo emocional con esa realidad, pero una abstracción, digamos, conveniente.
Y esa feminidad del momento no tenía ninguna incidencia en mi vida cotidiana y ya había como renunciado a existir, pero me consolaba con que con el mundo era muy chévere.
Pero bueno, en ese momento no apareció Brigitte. No estaba, no sonaba, no decía ni pío.
Lo único que hizo fue que Brigitte apareciera o que, en su momento, Luis Guillermo apareciera con el pelo largo. Esa fue la única libertad y, entonces, pues, era un acto, un manifiesto, pero además totalmente anacrónico, porque en los años 80 ya los hombres no llevaban el pelo largo. Eso había sido en los años 70, digamos, todo el movimiento hippie. Entonces, en la Universidad Javeriana, en el año 85, yo era el único, entre comillas, que tenía pelo largo y usaba candonga.
Ahí encontré el sentido de la pasión por el conocimiento y la biología me enamoró y acabé ahí sí en un bosque de verdad, profundo, que fue la selva amazónica, entonces ya fue una experiencia muy retadora, de dejar de hablar carreta sobre la ecología y dejar de hablar en teoría sobre el tema y enfrentarme a vivir en el bosque.
Por supuesto, tocó empezar de nuevo.
[Liseth-voz de archivo]
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Estás escuchando Bosque adentro, un podcast de Masbosques.
[Liseth]
Ahorita mencionabas que no te gustaba la palabra naturaleza y me parece que estamos en un momento en el que nos estamos adentrando en ese que tú llamas el verdadero bosque de la Amazonía.
También como que vamos llegando a ese encuentro interior que va saliendo y que es un momento para irnos encontrando también en eso, y también irnos quizás a las sombras, al principio dijimos en esta conversación, que quizás nos perdíamos en ese bosque, ¿Cómo es ese encuentro de todas esas cosas?
[Brigitte]
Volvemos un poquito a ese momento en que te dije que yo me sentía como intrusa en el bosque, como una entidad que no tenía cabida y, malo, era consciente de sí.
Que hoy en día aparece muy marcada: hay un sentimiento de culpa de lo que los humanos le hemos hecho al planeta y toda esta conciencia ambiental, pero también cargada de un tinte muy negativo. “Estamos autodestruyéndonos”. Hay una flagelación al respecto. Entonces eso persistió mucho tiempo. Incluso en mi activismo en la universidad continuamente era un ambientalismo en el cual no había espacio, por lo menos para los seres humanos, como estábamos siendo en ese momento. Entonces, siempre muy de censura a todo lo que hacíamos los seres humanos: construir ciudades, construir infraestructura, hacer minería, hacer represas. Todo lo que hacíamos era dañar.
Entonces yo era una activista radical en contra del desarrollo y en contra de todo, del cemento como el símbolo de la destrucción. Con el tiempo, en una clase de evolución dije: “Pero es que yo vengo de ahí. ¿En qué momento me volví el componente autodestructivo?, ¿En qué momento perdí la legitimidad para operar en ese mundo o la conexión?, ¿En qué momento como que cortaron el hilo?”.
Y cuando uno empieza a estudiar temas culturales, empieza a estudiar humanidades y todo, se da cuenta de que sí hay una diferencia fundamental en la condición humana respecto a la del resto del mundo, pero tenemos un vínculo fundamental de origen, somos naturales. Provenimos de la evolución, somos primates, somos animales.
La biología también me gritaba por el otro oído: “Pero es que estás negando tu propia naturaleza. ¿Por qué no más bien te enfocas en encontrar las cualidades positivas y las posibilidades de participar de ese mundo de otra manera?”.
Y entonces hubo un cambio muy importante en esa visión sobre mi posición en el bosque. Y entonces, Bosque adentro, volví como a encontrarme como parte del bosque. Yo tengo derecho a caminar por el bosque. Tengo que cuidar lo que hay; lo que hay que hacer es eso, con cuidado.
Y entonces empecé a desviarme un poquito de ese ambientalismo radical. Empecé a abandonar ciertas premisas, no la crítica a la destrucción, pero sí, con la ciencia, a preguntarme cuáles eran realmente las características de esa destrucción o las motivaciones.
Si uno lo plantea de una manera muy simplista, diría: “No, pues es que el capitalismo acabó con el mundo y es el principal motor de la destrucción”, pero pues eso es una respuesta de cartilla, es una respuesta totalmente incompleta e insatisfactoria para alguien que quiere desarrollar una perspectiva más compleja e intervenir en el mundo.
Entonces empecé a estudiar más temas sociales, económicos. Hice mi maestría en Florida sobre temas de desarrollo y conservación y luego, en Barcelona, en gestión ambiental con enfoque en economía ambiental.
[Liseth]
¿Y cómo iba esa conversación con la naturaleza de Brigitte?
[Brigitte]
Brigitte comenzó a volver a como a patear desde adentro, es decir: “Aquí yo también soy tú y eso es naturaleza”.
Es absolutamente una pulsión ecológica.
Brigitte proviene del reconocimiento de una complejidad del mundo en el cual el género es parte de una invención humana, pero que tiene raíces biológicas, pero que también puede cambiar, como cambia el bosque.
Entonces esa conversación sigue.
Más que un bosque, es una maraña o, como dicen, un rastrojero ni el hijuemadre.
La imagen del bosque siempre es algo muy armónico, muy hermoso, incluso perfecto, muy celestial, muy todo eso. En cambio, el matorral, el rastrojo, como que es: “Deje así, no se meta ahí, que va a salir llena de espinas, que va a salir totalmente lacerada”.
Y, bueno, eso es lo que le ha tocado a Brigitte: más bien caminar por el rastrojo, porque pues el bosque tiene rastrojo. Donde cae bosque y comienza la renovación, lo primero que llegan pues son todas las especies oportunistas, las que crecen rápido, las que se marañan, y la competencia es tremenda.
Yo creo que sí me gusta, digamos, un punto bonito de Brigitte: que viene del rastrojo.
[Liseth]
Y empiezas a encontrar ese ecosistema, quizás…
[Brigitte]
Empiezo a tratar de nombrarme distinto en medio de eso, a reconocer en medio de las voces de mis amigos y amigas, y en alguna oportunidad, en un taller de esos muy emocionales que se tienen al final de carrera, que te preguntan: “Y si no fueses biólogo, ¿qué querías ser?”.
Eso era para trabajar como profe, claro, porque la maldición de mi papá estaba ahí y, si todo pintaba que profe, de una manera, digamos, un poco despectiva.
Y no, pues yo hubiese querido ser mujer. Así, y lo dije en un taller en público. Todas mis compañeras, tan bonito, pero fue sorpresivo, así como cuando como verte en un espejo y haberlo reconocido, porque tuve que haberlo en este momento: ¿qué bicho me picó?, culpa a la profesora que me indujo a que me saliera un demonio de los que tenía más guardados en la profundidad.
Por fortuna existen los demonios. Digamos, en ese sentido, son buenos demonios que te recuerdan que estás habitada de muchas cosas, de muchas presencias, de muchas historias y que todas tienen raíces y te vinculan con el resto del mundo.
Entonces surgió la palabra y no tenía nombre.
Brigitte aparece cuando tuve 35 años. Ahí declaré y los saqué, pensando que era otra cosa aparte.
Porque imagínate, yo ya era mujer, yo existía y siempre había existido. Porque uno no es que vaya un día, se meta una tostadora, cambie de sexo y salga y ya sea otra persona, no. Somos siempre la misma persona, pero siempre somos una persona distinta, como el río nunca es el mismo. Las personas nunca somos las mismas, pero siempre somos el mismo río, al fin y al cabo.
Brigitte siempre ha existido.
El hecho de que yo la nombrara a los 35 años no implica que no hubiese nacido el día que nací o el día que mi cuerpo se configuró, ni negar toda la historia de mi vida.
Así que lo empecé a decir, pero no lo empecé a vivir.
Y me fui para el monte. Ahí fue cuando me fui a la Amazonía y allá me encontré con una diversidad cultural y una diversidad de las comunidades indígenas, visiones totalmente distintas de todo, absolutamente todo.
Y me tocó empezar de nuevo la biología, claro, que una cosa es la biología del salón de clase y otra cosa la biología en la canoa, en el río, en la mitad del monte, en el rastrojo —que allí sí que hay rastrojo— o en la chagra, ese espacio tan maravillosamente femenino que existe en las culturas amazónicas, donde hay esa división de labores y la mujer se configura como la que siembra, cuida; el hombre, el que tumba el monte y lo gestiona, la selva y caza; la mujer prepara la comida.
Entonces, cosas que también existen, obviamente, en nuestra cultura. De mi familia no tenemos chagra, pero hay divisiones de labores más o menos abusivas.
Mucha violencia también en estas comunidades, mucha violencia de género, también mucho abuso, digamos, colonial, de las misiones religiosas, de los grupos armados que, por primera vez, aparecieron en mi vida, del narcotráfico, es decir, una inmersión en una selva densa, compleja, de la que salí muy cambiada.
Me volví a buscar trabajo, a insertarme en el mundo normal. Pues no fue suficiente el tiestazo. Si de golpe yo me hubiera quedado en esa selva… Y otra vez me puse el disfraz, queriendo ser, pero no siendo.
[Liseth]
Y eso, ¿cómo fue?
[Brigitte]
Pues yo creo que muchas personas asumen ciertas renuncias y eso no se pudo. Eso no había un camino.
El camino se abrió cuando me fui a estudiar mi maestría en Conservación y Desarrollo, de Estados Unidos, porque allá sí existía comunidad LGBTI, sí había activismo, sí había lucha por los derechos, en especial de los hombres gay que estaban siendo estigmatizados por la epidemia de VIH.
De esa conversación conocí las primeras mujeres trans hablando de derechos, hablando, haciendo presencia, y también toda la construcción cultural del feminismo en sus múltiples versiones, los feminismos y había en la universidad un debate muy activo al respecto y mucho material también didáctico.
De nuevo, no había internet. Todo estaba en las bibliotecas o en las librerías alternativas de, por ejemplo, mujeres lesbianas que abiertamente vivían su elección.
Y eso en Colombia no, no se daba todavía, año 91, 92. Aquí ya había discusiones sobre la legalidad del matrimonio homosexual, pero, por lo menos, sacar de la lista de delitos ser homosexual. Acabamos de cumplir 45 años de haber logrado eso y uno dice: 45 años es 1980, que en 1980 dejó de ser delito ser homosexual. Pero el divorcio, por ejemplo, en Colombia, muy tardío, el divorcio heterosexual; el derecho al aborto; la decisión sobre el control reproductivo y la independencia del cuerpo en la mujer.
Todos son temas con los que yo iba navegando, pero como bióloga y como ecóloga no se me atravesaban inmediatamente.
En Estados Unidos encontré otros bosques.
[Liseth]
¿Y cómo era esa relación también con la naturaleza? Porque veníamos con algo de que hay algo que no te gusta de esa palabra, quizá el uso, pero la evitabas, o la ibas reconociendo.
[Brigitte]
Usaba mucho la noción de naturaleza como una categoría muy importante: que proteger la naturaleza, hay que restituir nuestro diálogo con la naturaleza y se usa mucho en conservación, y en inglés, nature es una palabra muy poderosa. Tiene un significado y suena muy a monte. Naturaleza en inglés es nature, es eso que está allá.
Entonces, si hay una división más marcada, o se nota una separación muy marcada entre culture y nature, es el conflicto.
Uno dice: “¿Cuál es mi naturaleza, la naturaleza del mundo y la de allá?, ¿es mi cuerpo?”.
Pero entonces comienza un debate interno sobre cultura y naturaleza en el cuerpo.
[Liseth]
Brigitte, conversaste muchos años contigo y tú ibas con un montón de presiones de la época y a ese camino de reivindicación.
[Brigitte]
Y sin terapia, porque esas cosas las hace uno mucho con terapia.
Pero uno escribió cartas y dirigía toda mi energía al estudio. Yo creo que eso me ayudó a ser una buena académica, haber concentrado todo en ello, toda la energía sexual, en tratar de intelectualizar y canalizar esa reflexión de quién vengo siendo yo.
Entonces eso no tenía que ver con tener novios, novias.
En ese momento fue la primera vez que consideré desaparecer del mundo, irme a Tailandia, cambiar de sexo y volver a algún sitio a vivir como una persona nueva.
[Liseth]
¿Cuándo encontraste ese momento de “voy a salir del clóset”, de transformarte?
[Brigitte]
Y eso que Brigitte tenía ropita en el clóset guardada. De vez en cuando la sacaba a alguna fiesta, a alguna ocasión en la que la declaración no fuese como tan definitiva, y la gente decía: “a Brigitte se le corre el shampoo de vez en cuando”.
Todos tenemos excentricidades.
Eso sucedió habiendo regresado a Colombia, también habiendo compartido con amores especiales.
Cuando fallece mi hermana, aquí en Colombia, de una enfermedad muy grave, y yo digo: uno se muere. El verme colapsada y la posibilidad real de que uno no es todo aquello que tiene guardado y no lo va a sacar nunca y, de golpe, es lo más importante.
Tengo un proceso de duelo, la separación de mi primer matrimonio, donde había tratado de ser, además, el personaje masculino que se esperaba que fuese, y no. Eso no funcionó porque, pues, yo no era esa persona, las expectativas de mi pareja al respecto no casaban ahí con todo, con la tristeza del caso, porque fue una muy bonita relación.
Y eso dio lugar a que naciera Brigitte.
Como decía un campesino en el norte de Boyacá, yo pronuncié el nombre porque el verbo precede a la realidad y, en este caso, Brigitte era como el verbo de “feminízate a ti”.
Y apareció Brigitte.
Y lo escribí. Escribí un manifiesto que se llama Libertad de género y ya como que se me salía el forro.
Liseth
¿Y por qué te nombraste así, Brigitte?
Brigitte
Porque hice toda la vuelta de: “Bueno, ¿yo en qué feminidad me reconozco? Si yo hubiese nacido y me hubiese bautizado, ¿qué nombre hubiese escogido para mí misma?”.
Y bueno, yo tengo ancestralidad. La familia de mi papá es de origen francés, por el apellido Baptiste, y es francés.
Y gran parte como de la feminidad mítica proviene como del cine, del teatro, también de la revolución cultural francesa.
Y salió Brigitte Bardot.
Y ella tiene una película que se llama “Y Dios creó a la mujer”.
Pues aquí estoy yo: “Dios mío, me has hecho, es tu culpa”.
Pero Brigitte Bardot, en ese momento, había encarnado como la aparición de una feminidad distinta: una feminidad independiente, retadora y también con una sexualidad propia, con un poco de escarar.
Y yo digo: “Pues yo tengo que ser Brigitte”.
Y sí. Y ahora no se me ocurre otro nombre, ni ninguna otra posibilidad.
Cuando fuimos a nombrar a nuestras hijas, pues hicimos ese mismo proceso y cada una tiene su nombre por lo que creemos que querían después en la vida.
[Liseth]
¿Y sentiste qué?, ¿qué volviste a nacer?
[Brigitte]
Pero claro. Pues eso sí fue volver a nacer, pero recarga además con toda…
Y ahí sí que abra las puertas del clóset y deje que todo lo que está escondido se pueda lavar, vea la luz y lo que haya que botar, lo botamos; y lo que haya que reemplazar, lo reemplazamos, en todo sentido.
[Liseth]
¿Y ahí apareció el color?
[Brigitte]
Y ahí apareció el color, claramente. Apareció el color.
Todavía tengo vestidos de fiesta de esa época y todavía me caben. Eso es lo más impresionante.
[Liseth-voz de archivo]
Si algo de lo que estás escuchando en esta conversación está resonando contigo, nosotros estamos convencidos de que hay más personas y más historias a las que queremos llegar en Colombia y quizás en América Latina.
Y para lograrlo, necesitamos aliados en esta producción. Así que, si tienes alguna idea, escríbenos y hagámoslo posible.
Estás escuchando Bosque adentro, un podcast de Masbosques.
[Liseth]
Este punto me parece muy importante porque siento, me ha pasado personalmente, que cuando te he visto en un escenario, veo y reconozco a una mujer como la acabas de describir, con toda, con esa decisión de serlo, con esa conciencia de serlo.
Y también te veo quizás que te tocó pasar por muchas cosas, pero también te veo reconocida. O sea, también quienes han estado a mi lado, quienes te vemos en un escenario, en diferentes lugares, reconocemos esa voz, ese ser, también desde ese ser transformado, diferente y raro.
Y eso también me parece que es digno de admirar en este mundo.
Y leyéndote en Trans-ecología también puedo ver ahí precisamente eso que habitas, todo ese conocimiento que traes y ese reconocimiento también de: “Bueno, ¿por qué? La naturaleza, soy naturaleza”.
Y sale ese grito también y que te hace parte del ecosistema.
[Brigitte]
Sí, indudablemente del ecosistema.
[Liseth]
Y aparecen los otros.
Dices que no tuviste terapia y demás, pero has mencionado a los gatos, a los amigos, has mencionado los amores. De cierta manera también, pues no sé, también cómo tu familia te ha rodeado.
Pero también en este mundo, así como el otro es el árbol, la planta, los animales, también es el otro ser humano con el que has tejido alianzas o te has encontrado con las comunidades.
¿Qué significan las alianzas también para Brigitte, para lo que es la naturaleza, el mundo que habitamos, como también empezar ese camino de: “Bueno, tú te reivindicaste Brigitte”, y es el camino también de inspirar a otros porque lo haces también con tu ser, ¿qué es coherente totalmente con eso que traes y que hoy eres?
[Brigitte]
Finalmente, todos y todas estamos con el mismo predicamento de que, a medida que vamos creciendo, entender quiénes venimos siendo, a qué bosque pertenecemos, si somos una liana trepadora, si somos un pequeño musgo en la superficie, en la corteza de un árbol, o somos una palma.
Pues, en fin, todos tenemos una plasticidad gigantesca, que es la que a mí me gusta proyectar y mostrarle, sobre todo, a las personas más jóvenes, para que no piensen que sus decisiones son definitivas y taxativas.
“Son decisiones de vida. Yo me voy a dedicar a esto el resto de mis días”.
Y ese relato heroico de quienes tenemos y que surge para tratar de apalancar nuestro liderazgo, nuestro empoderamiento, pero que finalmente, a veces, también es muy tóxico, porque nos lleva a la noción de: “Yo no pude, yo fracasé, esto no es para mí”, y a mucha pesadumbre, mucha frustración.
No, para nada.
El río sigue. El bosque… Los árboles se caen y vuelven y germinan, empiezan de cero, se les caen las ramas, les cae un rayo y siempre hay la posibilidad de reinventarnos.
[Liseth]
Brigitte, y eso traigo acá, en esta universidad, asumiendo este rol. ¿Cómo lo llevas también a esas nuevas generaciones, con esa visión de decir: somos naturaleza, nos conectamos con ella, hay posibilidades de cuidarla, de transformarla, de que esta tierra y esta tierra viva nos siga proveyendo y seamos más conscientes
[Brigitte ]
Dos cosas diría yo, como si estuviera en campaña.
La primera es que no hay necesidad de ser bióloga para reconocer eso que llamamos naturaleza, porque, como somos parte de todo lo que hacemos acá, los desarrollos tecnológicos, los desarrollos institucionales, los programas que estudiamos, nuestros laboratorios, nuestra infraestructura, es parte de esa expresión de la naturaleza.
Y ahí sí voy a usar la palabra.
Es decir, estos micrófonos, las posibilidades de haber viajado en un avión, todo es porque, como seres humanos, somos ingeniosos, tenemos talento y usamos ese talento, que es biológico, para hacer presencia en el mundo.
Por tanto, lo que hay que pensar, éticamente hablando, es cuáles son los efectos de esas transformaciones que estamos promoviendo. Entonces, allí es donde surge la verdadera conciencia ambiental.
De nuevo, la pregunta es: ¿eso es bueno?, ¿qué efectos produce?
Entonces cambia profundamente el discurso naturalista, digamos, de lo ambiental.
Eso nos da legitimidad para tumbar bosques, aprovecharlos, pero también nos crea la obligación de volverlos a sembrar y restituirlos, simplemente por aquello que llamamos sostenibilidad, por garantizar la presencia de todos y de todas y de todes en el mundo.
Lo segundo es porque, en ese proceso formativo y de reflexión, nos hacemos a nosotros mismos, nos descubrimos y encontramos el camino en el cual realmente construimos bienestar y felicidad.
Es en esa relación mía como estudiante, como practicante, con la otra persona, en la cual encontramos sentido a la vida, pero asumir plenamente las implicaciones de mi existencia y tomar conciencia.
[Liseth]
Este bosque tuyo nos va a llevar, creo que, por mucho más rato, en muchos temas, porque pues, aparte también de todo tu conocimiento científico, también, pues, obviamente, la complejidad del ser y todo lo que has transitado y caminado.
Realmente yo quisiera quedarme aquí, poder seguir conversando.
[Brigitte]
Ya me estás echando. Pensé que íbamos a sacar un aguardientico.
[Liseth]
Pero es una invitación a que, pues, si bien es aquí, ahora se presenta, también las conversaciones pueden seguir, quizás en otros espacios y otros momentos.
Y qué rico poder tener esa posibilidad de permitirnos ese tiempo y espacio para nuevas y más conversaciones que también parten de ese ser complejo, ni siquiera tratar de entenderlo, pero sí de poder tener este espacio dispuesto para escucharlo con total tranquilidad.
[Brigitte]
Lis, muchas gracias.
Y hago una invitación a que no se dejen consumir por los demonios, a todas las personas que nos ven, sino que les den voz y voto.
[Liseth]
Brigitte, gracias a ti.
Gracias por permitirnos adentrarnos en este bosque diverso, por permitirnos tener tu voz aquí para inspirar a otros, a otras, pero también en el reconocimiento de lo que somos, de lo que podemos ser, de lo que podemos manifestar y también ir siendo.
[Brigitte]
Ir siendo, me encanta eso.
[Liseth]
Alguna pregunta… Ahorita hablabas de preguntas y más. Y yo decía: qué nota poder terminar este episodio con una pregunta abierta que quizás pueda cuestionar al otro, a la otra…
[Brigitte]
Tú detonaste toda esta charla hablando del bosque y de las sorpresas que implica la diversidad.
Y yo sí me pregunto: ¿quisiéramos conocerlo todo?
Que es la pregunta de la ciencia: ¿quisiéramos resolverlo todo?
Y, obviamente, la respuesta es no.
Queremos cambiar permanentemente. Queremos seguir caminando, experimentando el bosque, detallando por dónde retoña, por dónde no, qué le pasó.
Y eso para mí es suficiente motivo de felicidad.
La pregunta es si lo es para todos.
[Liseth]
Muchas gracias, Brigitte.
[Liseth]
Nos vemos en un próximo episodio.
Los dejamos con esta reflexión de si es para todos.
Muchas gracias por estar acá, por acompañarnos en este camino Bosque adentro, desde la transformación, la diversidad, el reconocimiento de los seres que vamos siendo.
Y, bueno, pues si este contenido les resuena, los transforma y quieren que llegue también a otras voces, pues entonces ayudemos también a replicarlo.
[música]


