Segunda entrega
Urbanización acelerada y falta de planeación
La urbanización ha sido uno de los procesos más intensos de transformación territorial en América Latina durante las últimas décadas. El Global Water Partnership (2012–2017) señala que la región es una de las más urbanizadas del mundo, con más del 80 % de su población viviendo en ciudades. Sin embargo, ese crecimiento no siempre ha estado acompañado de planificación hídrica ni de integración de la gestión del riesgo en los instrumentos de ordenamiento territorial.
Uno de los fenómenos más críticos ha sido la ocupación de humedales, planicies de inundación y rondas hídricas. Estos ecosistemas cumplen funciones de almacenamiento temporal, regulación de crecientes y recarga de acuíferos. Cuando son rellenados o fragmentados para expansión urbana, el agua pierde espacios naturales de amortiguación. El Banco Mundial (2016–2019), en sus investigaciones sobre soluciones basadas en la naturaleza, ha subrayado que la pérdida de humedales urbanos incrementa la exposición al riesgo y eleva los costos de infraestructura necesaria para controlar inundaciones.
La CEPAL ha documentado que buena parte de la expansión urbana informal en América Latina ocurre en suelos de alto riesgo, laderas inestables, márgenes de ríos o zonas bajas, debido a la presión inmobiliaria y a la falta de acceso a suelo seguro para población de bajos ingresos. En estos casos, la inundación como desastres es una una expresión de desigualdad estructural. Por esto, como advierte la UNDRR, la reducción del riesgo de desastres requiere coherencia y articulación entre políticas sectoriales.
Desde una perspectiva de gestión del riesgo, esto implica reconocer que la prevención comienza mucho antes de la temporada de lluvias. Comienza en la planificación del suelo, en la protección de ecosistemas reguladores y en la garantía de acceso a vivienda segura. La urbanización puede ser resiliente si integra la dinámica natural del agua.

Vulnerabilidad: cuando la desigualdad amplifica el riesgo
La vulnerabilidad es el factor que convierte una amenaza en desastre. No todas las personas expuestas a una lluvia extrema enfrentan las mismas consecuencias: el impacto depende de las condiciones previas.
El informe La gestión del riesgo: prevención de inundaciones (2008) enfatiza que los desastres afectan de manera desproporcionada a comunidades con menores ingresos y menor acceso a servicios básicos. La pobreza, la informalidad en la tenencia de la tierra y la ausencia de infraestructura adecuada incrementan la exposición y reducen la capacidad de recuperación.
La CEPAL ha documentado que en América Latina los desastres hidrometeorológicos generan impactos económicos que pueden equivaler a varios puntos del producto interno
bruto en países de menor tamaño, afectando particularmente a hogares que carecen de seguros o mecanismos de protección financiera. La pérdida de vivienda, de medios de vida o de activos productivos suele traducirse en ciclos prolongados de endeudamiento y más empobrecimiento. Lo paradójico es que, a pesar de que los países en desarrollo contribuyen en menor proporción a las emisiones históricas de gases de efecto invernadero, enfrentan mayores impactos asociados a eventos extremos debido a limitaciones en infraestructura resiliente, planificación urbana y sistemas de protección social, acorde con el Banco Mundial (2016–2019).
El IPCC ha advertido que el cambio climático intensifica riesgos existentes, especialmente en regiones tropicales y subtropicales donde se combinan alta variabilidad climática y desigualdad socioeconómica. Por tanto, la gestión del riesgo de inundaciones exige fortalecer capacidades locales, mejorar la calidad de la vivienda, garantizar acceso a suelo seguro y consolidar sistemas de información y alerta temprana. Reducir la vulnerabilidad es, en esencia, una política de desarrollo.

Soluciones basadas en la naturaleza y planificación territorial: principios para una prevención sostenible
Durante décadas, la respuesta predominante frente a las inundaciones fue la infraestructura gris: diques, muros de contención, presas y canalizaciones. Estas obras han permitido reducir riesgos en múltiples contextos y siguen siendo necesarias en determinados escenarios urbanos y rurales. Sin embargo, el Banco Mundial, en sus investigaciones sobre gestión del riesgo y soluciones basadas en la naturaleza (2016–2019), advierte que cuando estas intervenciones se implementan de manera aislada pueden trasladar el riesgo aguas abajo, generar altos costos de mantenimiento y perder efectividad frente a eventos extremos crecientes.
En este contexto han ganado relevancia las soluciones basadas en la naturaleza. El Fondo Mundial para la Reducción y Recuperación de Desastres las define como intervenciones que aprovechan los procesos ecológicos y los servicios de los ecosistemas para reducir el riesgo de desastres, al tiempo que generan beneficios ambientales y sociales adicionales. No se trata de reemplazar toda infraestructura construida, sino de integrarla en una estrategia que reconozca el papel regulador de los ecosistemas.
El informe global de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (2019) señala que muchas contribuciones de la naturaleza, como la regulación de inundaciones costeras y fluviales, no pueden ser completamente sustituidas por infraestructura artificial, o solo pueden serlo a costos significativamente mayores y sin beneficios colaterales para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la salud humana.
Desde la evidencia internacional documentada por el Banco Mundial y el GFDRR, la restauración de humedales, la protección de bosques ribereños, la recuperación de manglares y el diseño de espacios urbanos que permitan la inundación controlada han demostrado reducir la energía del agua durante eventos extremos y disminuir pérdidas económicas. Estas intervenciones funcionan porque restablecen procesos ecológicos que amortiguan crecientes, almacenan agua temporalmente y favorecen la infiltración.
Las soluciones basadas en la naturaleza implican al menos los siguientes principios de planificación:
· Enfoque de cuenca: comprender que el comportamiento del agua en la ciudad depende de lo que ocurre aguas arriba y aguas abajo.
· Multifuncionalidad del territorio: diseñar espacios que cumplan simultáneamente funciones ecológicas, sociales y recreativas.
· Prevención estructural: proteger ecosistemas estratégicos antes de que se degraden, en lugar de intentar compensar su pérdida con obras costosas.
· Equidad territorial: priorizar intervenciones en zonas donde la vulnerabilidad social es mayor.
· Gestión adaptativa: ajustar decisiones de planificación conforme cambian las condiciones climáticas y demográficas.
La experiencia regional muestra que cuando la planificación territorial incorpora estos principios, la gestión del riesgo deja de ser reactiva y se convierte en una estrategia de desarrollo. La evidencia comparada muestra que invertir en restauración ecológica y protección de ecosistemas puede resultar más costo-efectivo a largo plazo que reconstruir repetidamente tras cada temporada de lluvias.
Referencias
Estrategia InteBanco Mundial (investigaciones sobre gestión del riesgo y soluciones basadas en la naturaleza, 2016–2019) a la Reducción de Desastres (ONU) & UNICEF. La gestión del riesgo y la prevención de desastres.
Banco Mundial (en investigaciones sobre gestión del riesgo y soluciones basadas en la nGlobal Water Partnership – GWP (2012–2017)ondo Mundial para la Reducción y Recuperación de Desastres (GFDRR); PROFOR; Deltares. Implementación de soluciones basadas en la naturaleza para la protePlataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas – IPBES (2019) contra inundaciones.
Global Water Partnership (GWP, 2012–2017) (GWP). Gestión Asocapitales (análisis de desarrollo territorial y gestión del riesgo, 2020–2022)nes urbanas.
Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Informe de evaluación global sobre biodiversidad y servicios ecosistémicos.
Asocapitales. Retos del desarrterritorial y la gestión del riesgo en Colombia.
Universidad Autónoma del Caribe. Análisis de la vulnerabilidad y el riesgo a inundaciones en cuencas hidrográficas.
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