La regeneración está abriendo una nueva conversación sobre el desarrollo: una que conecta la salud de los ecosistemas con la prosperidad de las empresas, el bienestar de las comunidades y la capacidad de los territorios para construir futuro. No parte de una promesa lejana. Ya existen prácticas, organizaciones y liderazgos que están recorriendo este camino.

¿Qué significa prosperar? ¿Cómo sabemos si un territorio está avanzando? ¿Podemos hablar de desarrollo cuando crece la actividad económica, pero se debilitan las condiciones naturales y sociales que la hacen posible?
Quizá necesitamos comenzar devolviéndonos al origen de todo lo que conocemos y nos genera bienestar: la vida es la que hace posible todo lo demás.
El agua que abastece a una población también sostiene la producción agrícola y los procesos industriales. La salud de los suelos influye en la disponibilidad de alimentos, en los ciclos del agua y en la capacidad de los ecosistemas para adaptarse a los cambios. La biodiversidad sostiene procesos ecológicos de los que dependen nuestras economías, mientras las comunidades, sus conocimientos y sus formas de organización aportan capacidades fundamentales para cuidar y transformar sus territorios.
Estas relaciones no son asuntos separados que debamos sumar a una agenda de desarrollo. Son parte de las condiciones que permiten que ese desarrollo exista.
En su ensayo Una mejor relación con el entorno ecológico, el académico Alejandro Álvarez Vanegas nos recuerda que la naturaleza «es lo que simultáneamente somos y nos rodea» (p. 127). Reconocerlo implica revisar una separación que ha marcado buena parte de nuestras formas de pensar: aquella que sitúa a la humanidad de un lado y a la naturaleza del otro, como si el bienestar de una pudiera construirse de manera independiente de la otra.
Pero ¿qué posibilidades de futuro podemos construir si se deterioran los sistemas vivos de los que dependemos? ¿Y qué podría cambiar si nuestras decisiones comenzaran a orientarse no solo a conservar las condiciones que tenemos, sino a recuperar y fortalecer aquellas que necesitamos para prosperar?
En ese punto comienza a tomar fuerza la conversación sobre la regeneración.
De reducir el daño a crear condiciones para la vida
Durante décadas, la sostenibilidad ha sido fundamental para impulsar avances ambientales y sociales, cuestionar prácticas productivas y promover un uso más responsable de los recursos. Ese camino ha abierto aprendizajes y capacidades indispensables. Sin embargo, la magnitud y complejidad de los desafíos socioecológicos actuales nos exigen preguntarnos qué más podemos hacer.
Reducir el consumo de recursos, aprovechar mejor los materiales, disminuir las emisiones y gestionar los impactos son acciones necesarias. La mirada regenerativa propone dar un paso adicional: preguntarnos cómo nuestras actividades pueden contribuir a restaurar ecosistemas, fortalecer comunidades y crear mejores condiciones para la vida.
No se trata de reemplazar una palabra por otra ni de convertir la regeneración en una nueva etiqueta empresarial. Se trata de ampliar la mirada desde la que comprendemos el desarrollo y tomamos decisiones.
La investigación Principios y prácticas para transitar hacia la regeneración empresarial, realizada por Ingrid Stephany Gómez Cardona, Diana María Osorio Ramírez, Laura María Sierra Calderón y Mary Isabel Villegas Alvarán en el marco de la Maestría en Sostenibilidad de la Universidad EAFIT (2025), identifica precisamente esta transformación: la regeneración implica una visión holística y sistémica que busca superar la lógica de la mitigación de impactos para avanzar hacia la restauración y la transformación de las relaciones entre empresas, naturaleza y sociedad.
Desde esta perspectiva, una organización no puede comprender plenamente su desempeño si observa únicamente sus resultados financieros, sus operaciones o su huella directa. También necesita entender su relación con el agua, el suelo, la biodiversidad, las personas, los proveedores y las comunidades que hacen posible su actividad.
La pregunta cambia de escala. Ya no es solamente cuánto producimos, qué tan eficientes somos o cuánto logramos reducir nuestros impactos. También es qué condiciones contribuimos a crear, qué capacidades fortalecemos y cómo participamos en la salud del sistema del que hacemos parte.
Esta es una conversación de fondo sobre la creación de valor. Porque el valor de una organización no está desconectado del territorio en el que opera ni de las condiciones que permiten su continuidad en el tiempo.

La regeneración ya está ocurriendo
Una de las razones más importantes para abrir esta conversación es que no partimos de cero.
La regeneración todavía es un campo en construcción. Sus enfoques, herramientas de medición y formas de aplicación continúan evolucionando, y su incorporación en las organizaciones enfrenta desafíos culturales, económicos y operativos. Sin embargo, en distintos lugares ya existen experiencias, iniciativas y decisiones que dialogan con sus principios, aunque no siempre se identifiquen explícitamente con el término.
La investigación de Gómez Cardona y sus colegas ofrece una muestra de esta transición en el sector empresarial: el estudio mapeó 50 empresas referentes de distintos sectores de América Latina y profundizó, mediante entrevistas, en las experiencias de seis empresas y seis expertos. Entre las prácticas identificadas se encuentran la agroforestería, la regeneración de suelos, la economía circular, la ganadería regenerativa, el trabajo con comunidades y la medición de impactos.
Estas experiencias hacen visible que la regeneración no pertenece exclusivamente al plano de las ideas. Ya se expresa en formas de producir, organizarse y relacionarse que buscan contribuir al bienestar de las personas y de los sistemas vivos.
Y esta conversación no se limita a las empresas. También interpela a las organizaciones sociales, las universidades y las instituciones públicas, cuyos propósitos, decisiones y capacidades pueden contribuir a transformar la relación entre sociedad y naturaleza. Desde la recuperación de ecosistemas y el fortalecimiento de procesos comunitarios hasta la planificación territorial, la investigación y la construcción de políticas públicas, existen múltiples ámbitos en los que pueden abrirse oportunidades para avanzar hacia enfoques más sistémicos.
La regeneración puede comenzar en una práctica productiva, en una iniciativa comunitaria, en un proceso de investigación o en una decisión institucional que incorpore las condiciones ecológicas y sociales del territorio como parte central de su propósito. Lo que conecta estas posibilidades no es que todas hagan lo mismo, sino que permiten preguntarnos cómo nuestras acciones pueden contribuir a fortalecer la vida y las relaciones que la sostienen.
Por supuesto, no toda iniciativa ambiental, social o institucional es, por sí misma, regenerativa. Su alcance depende de las condiciones particulares de cada lugar, de la profundidad de los cambios, de sus resultados y de la capacidad de transformar las relaciones que sostienen un sistema. Reconocer los avances también implica evaluar sus límites y comprender qué necesita cambiar todavía.
Lo importante es advertir que hay caminos en marcha, aprendizajes disponibles y oportunidades para avanzar. Como plantean Gómez Cardona y sus colegas en su investigación de 2025, la regeneración debe comprenderse como un proceso continuo que exige adaptación constante, y no como un punto de llegada definitivo.
Esta idea nos invita a reconocer el valor de las transformaciones graduales sin perder de vista la profundidad del cambio que buscamos. No hace falta esperar a tener una definición perfecta, una metodología única o una hoja de ruta universal para comenzar. Sí es necesario contar con preguntas pertinentes, capacidad de aprendizaje, criterios claros y disposición para revisar nuestras decisiones a medida que comprendemos mejor sus efectos.
La regeneración no se anuncia únicamente: se construye en las decisiones cotidianas, en los procesos que transformamos y en las relaciones que somos capaces de fortalecer.
Pensar en sistemas para actuar en el territorio
Si hay una idea que atraviesa la mirada regenerativa, es que no podemos comprender una parte sin considerar sus relaciones con el conjunto.
El agua, por ejemplo, no es solo una variable ambiental. Su disponibilidad y calidad se relacionan con la planificación territorial, la agricultura, la industria, la salud pública y la estabilidad de las economías locales. De manera semejante, una estrategia de biodiversidad puede conectarse con la productividad de un paisaje, la seguridad alimentaria, la adaptación climática y las oportunidades económicas de las comunidades.
Comprender estas conexiones permite identificar posibilidades de intervención que una mirada fragmentada podría pasar por alto.
En su artículo ¿Cómo podemos diseñar sistemas que regeneren la vida? (2026), Arlinthong Jose Perez Campo plantea el desafío de diseñar sistemas que ayuden a que la vida florezca. Desde el diseño regenerativo, esto significa comprender las particularidades de cada lugar y aprender de los principios que caracterizan a los sistemas vivos: diversidad, cooperación, capacidad de adaptación y relaciones que contribuyen al funcionamiento del conjunto.
Llevada al territorio, esta perspectiva exige reconocer que no existe una única receta para regenerar. Las condiciones ecológicas, la historia, las prácticas productivas, las capacidades institucionales y los conocimientos de las comunidades son diferentes en cada lugar. Por eso, las respuestas requieren combinar conocimiento científico, saberes locales, innovación y colaboración entre actores.
El territorio deja de ser el escenario en el que se ejecutan proyectos independientes y empieza a comprenderse como una trama de relaciones que necesita ser conocida, cuidada y fortalecida.
Esto también cambia la manera de entender la acción colectiva. Una empresa puede avanzar en la transformación de sus operaciones, pero los desafíos relacionados con una cuenca, un corredor de biodiversidad o un sistema alimentario requieren capacidades que superan a cualquier organización individual. Allí adquieren importancia las alianzas, la gobernanza territorial y los espacios donde distintos sectores pueden poner en común sus conocimientos, recursos y responsabilidades.
Conectar no significa que todos deban hacer lo mismo. Significa reconocer cómo pueden contribuir, desde sus capacidades y responsabilidades particulares, a un propósito compartido.

Una conversación estratégica para las empresas
Si la regeneración ya encuentra expresiones en distintos ámbitos, el siguiente desafío para las empresas es llevar esta perspectiva al corazón de sus decisiones. No basta con sumar iniciativas ambientales o sociales a una estrategia que permanece intacta. La pregunta es cómo incorporar la salud de los sistemas vivos en la manera de definir el propósito, evaluar oportunidades, gestionar riesgos y proyectar el futuro del negocio.
Esto no significa desconocer la importancia de la viabilidad financiera, la productividad o la competitividad. Significa comprenderlas en un horizonte más amplio, donde la continuidad de una organización también depende de las condiciones ecológicas y sociales que hacen posible su actividad.
Una mirada estratégica empieza por reconocer las interdependencias: de qué sistemas naturales depende una operación, cómo afectan sus decisiones al territorio, qué vulnerabilidades pueden comprometer su continuidad y qué oportunidades aparecen cuando se fortalecen las relaciones con las comunidades, los proveedores y otros actores de su entorno.
Estas preguntas pueden cambiar la manera de priorizar inversiones, diseñar productos y servicios, gestionar cadenas de suministro, orientar la innovación y establecer alianzas. También pueden llevar a revisar qué entiende una empresa por creación de valor, qué resultados considera relevantes y cuáles son las consecuencias de sus decisiones más allá de los límites inmediatos de su operación.
La investigación de EAFIT identifica precisamente que transitar hacia la regeneración puede requerir transformaciones en el propósito empresarial, la gobernanza, los modelos de medición y las relaciones con los territorios. La regeneración deja de ser una iniciativa periférica cuando comienza a orientar la manera en que la organización se concibe a sí misma y decide cómo actuar.
Para los equipos directivos, esto supone pasar de los compromisos generales a criterios concretos para decidir. Implica integrar las dependencias e impactos socioecológicos en la planeación, asignar responsabilidades, establecer indicadores pertinentes y revisar si las acciones emprendidas están produciendo los resultados esperados. También exige reconocer los límites de lo que se sabe, aprender de la evidencia y ajustar el rumbo cuando sea necesario.
El rigor es fundamental. No basta con afirmar que una estrategia contribuye a regenerar: es necesario identificar qué se busca transformar, establecer una referencia para evaluar los cambios, observar los resultados en el tiempo y distinguir entre las acciones ejecutadas y los impactos que pueden demostrarse. Como los sistemas vivos son complejos y los resultados dependen de cada contexto, la medición debe ser sensible al lugar, a la escala y a los tiempos en que ocurren las transformaciones.
Esta perspectiva también abre una oportunidad para la innovación. Comprender mejor las relaciones entre la actividad empresarial y su entorno puede revelar dependencias que antes pasaban inadvertidas, impulsar nuevas formas de colaboración y orientar la creación de valor hacia horizontes de mayor resiliencia y bienestar compartido.
En últimas, el liderazgo regenerativo no consiste en añadir una nueva capa de responsabilidad a la gestión empresarial, sino en ampliar la manera de comprender el éxito y tomar decisiones. Es reconocer que la prosperidad de una organización no ocurre de forma aislada y que sus posibilidades de futuro están vinculadas a la salud de los sistemas de los que depende.
La pregunta estratégica no es solamente qué puede hacer una empresa por la naturaleza, sino cómo puede desarrollar su actividad de manera que contribuya a las condiciones que permiten prosperar a la vida, las comunidades y el propio negocio en el tiempo.

La coherencia se construye en relación
La regeneración no es una tarea individual. Aunque las transformaciones pueden comenzar con una decisión dentro de una organización o una comunidad, su alcance depende, en buena medida, de las relaciones que logran establecerse con otros actores.
La ciencia puede aportar herramientas para comprender la dinámica de los ecosistemas; las comunidades, conocimientos construidos desde su experiencia con el territorio; las empresas, capacidades de innovación y operación; las instituciones, instrumentos de planificación y gestión; y las universidades, investigación y formación.
Cuando estas capacidades se encuentran, pueden surgir preguntas distintas, aprendizajes compartidos y respuestas que difícilmente aparecerían desde una sola perspectiva.
Pero colaborar también significa reconocer tensiones, diferencias de intereses y responsabilidades que no siempre son equivalentes. Una conversación regenerativa no consiste en dar por resueltas esas diferencias, sino en crear condiciones para abordarlas, encontrar oportunidades de acción conjunta y construir acuerdos que puedan traducirse en decisiones.
La coherencia no se alcanza por declarar un propósito común. Se construye cuando ese propósito empieza a orientar las acciones, cuando existe disposición para revisar las prácticas que lo contradicen y cuando se comparten aprendizajes para mejorar lo que hacemos.
Por eso, avanzar hacia la regeneración supone una invitación permanente a aprender, experimentar, medir y ajustar. También implica reconocer que los territorios ya cuentan con procesos, iniciativas y conocimientos que merecen ser escuchados y conectados. No se trata de llevar respuestas acabadas a un lugar, sino de descubrir qué está ocurriendo, comprender sus relaciones y ampliar las posibilidades de transformación que surgen de ellas.
Dejar mejores condiciones para el futuro
Tal vez el cambio más profundo que propone la regeneración está en la pregunta que dejamos de hacernos y en aquella que comenzamos a formular.
En lugar de preguntarnos únicamente cómo sostener lo que existe, empezamos a explorar qué necesita transformarse para que las personas, las comunidades, las organizaciones y los ecosistemas tengan mejores condiciones para prosperar.
Esa pregunta no tiene una respuesta única ni se resuelve en un solo momento. Se construye al reconocer la complejidad de cada territorio, aprender de las experiencias existentes, comprender las conexiones entre los desafíos y convertir los propósitos en acciones concretas.
En el Oriente antioqueño, esta conversación tiene un terreno especialmente fértil: la posibilidad de conectar capacidades empresariales, conocimiento científico, liderazgo institucional, experiencias comunitarias y una riqueza ecológica cuya salud es inseparable del bienestar regional. La tarea no es presentar la regeneración como algo que comienza con nosotros, sino reconocer lo que ya está pasando, aprender de ello y encontrar mejores formas de avanzar juntos.
Ese es uno de los sentidos de REGENERA, la Cumbre Glocal de Regeneración: abrir un espacio donde distintas miradas puedan encontrarse, reconocer sus interdependencias y convertir las preguntas sobre el futuro del territorio en nuevas posibilidades de acción.
Porque el desarrollo no ocurre en un espacio vacío. Depende de la vida, de sus ciclos, de su diversidad y de las relaciones que permiten que continúe floreciendo.
La regeneración nos invita a llevar ese reconocimiento a nuestras decisiones. A comprender que prosperar no consiste solamente en crecer, sino en contribuir a las condiciones que hacen posible el bienestar en el tiempo. A construir economías, organizaciones y territorios capaces de aprender, adaptarse y crear valor en relación con la vida.
Ese camino ya comenzó. Lo que está en nuestras manos es reconocerlo, conectarlo y darle continuidad.
Fuentes de referencia
- Gómez Cardona, I. S., Osorio Ramírez, D. M., Sierra Calderón, L. M., y Villegas Alvarán, M. I. (2025). Principios y prácticas para transitar hacia la regeneración empresarial. Trabajo de grado, Maestría en Sostenibilidad, Universidad EAFIT.
- Álvarez Vanegas, Alejandro. Una mejor relación con el entorno ecológico. Texto incluido entre los materiales de lectura adjuntos.
- Pérez Campo, Arlinthong Jose. (24 de junio de 2026). ¿Cómo podemos diseñar sistemas que regeneren la vida? Bloque 10.
Comentarios recientes