¡Somos biodiversidad! Un llamado que involucra el ser y sentirse humano

Si te decimos que pienses en la biodiversidad, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente? Seguramente tiene mucho que ver con árboles frondosos y majestuosos, animales cautivadores e imponentes y flores coloridas y de formas infinitas.

Este imaginario proviene de nuestra riqueza natural y de los privilegios que nos otorga un país como Colombia, la nación con más aves y orquídeas; la segunda en el mundo en riqueza de plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce; y la tercera en número de especies de palmas y reptiles.  

Pero, ¿qué pensarías si te contamos que la biodiversidad también está dentro de ti?.  

Así es, por eso no dudamos en decir: ¡somos biodiversidad! Los seres humanos también somos parte de ese entramado de seres vivos que la conforman.  

Siembra conciencia ambiental

La biodiversidad es una red de la que tu haces parte 

Quizás pensamos que la biodiversidad está afuera y aunque, ciertamente se manifiesta en los ecosistemas, por ejemplo -continuando con el patrimonio natural de nuestro país- en los arrecifes de coral de las San Andrés Islas, las selvas de la Amazonía, la laguna de Otún, el bosque de niebla y en general en los nevados, los humedales, montañas y bosques, este concepto, que es sinónimo de riqueza, va mucho más allá y tiene una profunda conexión con lo que somos como seres humanos. 

Partamos de una definición general, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española (RAE) la biodiversidad  es una variedad de especies animales y vegetales en su medio ambiente. Por otra parte, y según el Instituto Humboldt, la biodiversidad o diversidad biológica se define como la variación de las formas de vida que ocupan un lugar determinado abarcando la diversidad de especies de plantas, animales, hongos y microorganismos, su variabilidad genética, los ecosistemas de los que hacen parte, los paisajes o las regiones en donde se ubican los ecosistemas e incluyen los procesos ecológicos y evolutivos que se dan a nivel de genes, especies, ecosistemas y paisajes.  

El Convenio de Diversidad Biológica de la ONU, la asocia con la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte. 

Estas tres definiciones contienen grandes puntos de encuentro que asocian la biodiversidad con todas las formas de vida que se dan en los ecosistemas, pero también con sus procesos evolutivos y de adaptación al entorno, que a su vez, incluye su relación estrecha y necesaria con otros seres vivos. 

Sigue leyendo: No existe conservación sin gente, realidades de las comunidades rurales 

Las consecuencias de alejarnos de la naturaleza

Hoy, en el marco del Día Internacional de la Diversidad Biológica, nos paramos frente a un gran interrogante ¿por qué los seres humanos nos hemos apartado de esta concepción natural? Aunque quisiéramos encontrar una respuesta rápida, sabemos que esta reflexión involucra perspectivas humanistas, sociológicas y antropológicas, que nos llevan a entender que esta visión aislada de nuestro entorno es la responsable de las afectaciones masivas a la biodiversidad. 

De acuerdo con el Instituto Von Humboldt, la biodiversidad colombiana ha evidenciado una disminución promedio del 18%. Los principales factores de riesgo asociados a esta realidad tienen que ver con la pérdida de los hábitats naturales, el riesgo de invasiones biológicas, la presencia de especies invasoras y  los cambios en las condiciones climáticas.  

La creciente expansión urbana e industrial, las acciones humanas que conllevan a la deforestación, la minería ilegal, los cultivos ilícitos, la depredación y la contaminación del agua, también son responsables de esta realidad. Se estima que cerca de 1.200 especies de invertebrados se encuentran amenazadas. Por su parte, 1503 especies son comercializadas de forma ilegal y existen otras 96, catalogadas como de Alto Riesgo de Invasión, según cifras del Instituto Humboldt. 

Este fenómeno sienta sus bases en una compleja crisis de nuestro sistema de valores y en un modelo de civilización insostenible, que recalca nuestro consumo irracional de recursos naturales.   

De acuerdo con un informe del Panel Internacional de Recursos, auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la extracción de los recursos naturales de la Tierra se triplicó en los últimos 50 años. Esta misma organización indica que se prevé que la extracción de materiales aumente un 60% a 2060 y podría hacer fracasar los esfuerzos por alcanzar los objetivos mundiales en materia de clima, biodiversidad y contaminación, así como la prosperidad económica y el bienestar humano. 

Esto tiene mucho que ver con el comienzo de una nueva era geológica: la del antropoceno, que se fundamenta en la destrucción de los ciclos naturales, como consecuencia del cambio climático producto de la acción humana. De acuerdo con Juan Pablo Casadiego, miembro del Esade Center for Social Impact y doctorando en el Instituto de Innovación Social de Esade, la continua extinción masiva de especies y la degradación de los hábitats ricos en biodiversidad nos están llevando a un colapso socioecológico mundial.

Te puede interesar: Justicia climática y democracia ambiental: un diálogo plural y permanente  

Y para finalizar…

El reto, entonces, está en iniciar acciones contundentes, estructurales y urgentes. El cambio esperado requiere repensar las estructuras sociales, las escalas de valores y la relación entre los seres humanos y su entorno, más allá de una predominancia o superioridad, se requiere una integración profunda que nos lleve a los orígenes de la palabra biodiversidad. 

Aunque los organismos internacionales y los gobiernos tienen una gran responsabilidad en el cambio que necesitamos, todos debemos contribuir a él. El día a día es el escenario perfecto para lograrlo, recuerda que acciones como reducir el consumo de plástico de un solo uso, apoyar la economía circular, reutilizar y reciclar, respetar la vida de las especies que nos rodean y compensar tu huella ambiental, son fundamentales. ¡Si todos somos biodiversidad, en manos de todos está cuidarla! 

Escucha nuestro podcast: Historias de Conservación  

Más artículos de nuestro blog

Justicia climática y democracia ambiental: un diálogo plural y permanente 

Justicia climática y democracia ambiental: un diálogo plural y permanente 

Los derechos constitucionales al medio ambiente sano, a la distribución equitativa de los recursos y a su conservación deben ir ligados a la protección de los derechos humanos y al reconocimiento de las desventajas que existen en las comunidades más vulnerables, que hoy impiden que su voz, tan necesaria, sea escucha en entornos decisivos.